Durante el primer semestre de este año se constituyó la Asociación Escéptica de Chile (www.aech.cl), en la cual estoy participando como un “colaborador”. Ser escéptico no significa, como mucha gente lo malentiende, “no creer en nada”, pues eso de la sensación de que ser escéptico es simplemente un acto de testarudez, del tipo “cerrar mis oídos, y cuando la otra persona me diga algo, responder que no le creo o que no estoy de acuerdo”. Por el contrario, un escéptico es probablemente quien más atención pone a lo que escucha, y quien más dispuesto está a cambiar su punto de vista. El catch de esto es que ese cambio viene de la mano de ciertas condiciones:
Legislación sobre medicina alternativa
Estimado senador,
Como usted sabe, los gobiernos de Ricardo Lagos y de Michelle Bachelet acogieron las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2003) respecto a la integración de formas de medicina alternativa (también llamada complementaria) con la medicina “oficial”. Usted puede encontrar esto en el sitio web de MINSAL: http://www.redsalud.gov.cl/portal/url/page/minsalcl/g_temas/g_medicinas_alternativas/medicinasalternativas.html
Chambonadas del terremoto
Las voy a ir coleccionando aquí:
- Los/as periodistas que insisten en aceptar la Escala de Mercalli como un indicador válido y difundir el número a través de los medios de comunicación. Esa escala es subjetiva, y puede representar nada fielmente la verdadera intensidad de un sismo. Ni siquiera la popular Escala de Richter es la usada en realidad al reportar magnitudes sismológicas, pero ésa es otra historia…
- “Hay edificios que están inclinados, el ejemplo más claro es la Torre Pisa que se ha mantenido por siglos en pie y, por lo tanto, creo que es conveniente analizarlo con un profesional adecuado”. Lorenzo Constans, en relación a los edificios con grietas y fallas estructurales, muchos de ellos nuevos.
Fans
Un/a fan es una persona que admira a alguien o es entusiasta por algo. Much@s fans agregan a esta definición la característica de suspender completamente su capacidad crítica respecto a ese alguien o algo. Esa característica adicional me incomoda, pues es algo así como dejar de ser quien se es para convertirse en un estulto par de palmas aplaudiendo. A mí me gusta Inti Illimani, pero no puedo dejar de criticar ni sentirme desagradado por las disputas internas por el uso de su marca que han distinguido los últimos años de la carrera del grupo (y que de hecho lo dividieron en dos grupos). Me gusta Joan Manuel Serrat, pero me parece terrible que su figura tan olorosa a revolución se presente con el auspicio de Endesa y cobrando pequeñas fortunas por cada actuación. Es como ese chiste de “Cristo viene, lo trae Pepsi” sólo que sin que sea un chiste.
Murió Serrano
Rodrigo Mundaca debe ser algo así como la peor persona del mundo para comunicar malas noticias. Su email, que me dice en el subject todo lo que me interesa saber, me deja un largo rato mirando la línea sin terminar de absorber su significado. “Murió Serrano”. Pienso que siempre he detestado esos esnobismos totalitarios de no especificar nombres completos, como el de la gente de izquierda que habla de “Miguel” con el aire de que sólo ha habido, hay y habrá un único Miguel (Enríquez en su caso) que debiera importarle a todo el universo conocido y por conocer; o el de los melómanos que por decir “la Quinta” asumen que todo el mundo entiende que hablan de sinfonías y que se trata de las de Beethoven. Aún así no me detengo a preguntarme qué Serrano será éste. Mundaca no me hubiera escrito para aventarme la muerte de Marcela Serrano y menos todavía me habría preguntado, ya pinchando en el email y viendo su contenido, si pensaba escribir algo al respecto de haberse tratado de ella. El muerto sólo puede ser Miguel Serrano, el viejo loco, el nazi, el escritor, el hitlerista esotérico, el amigo del Dalai Lama, el sobrino de Vicente Huidobro, el diplomático, el correspondiente de Herman Hesse y Carl Jung, el peregrino.
