Murió Serrano

Rodrigo Mundaca debe ser algo así como la peor persona del mundo para comunicar malas noticias. Su email, que me dice en el subject todo lo que me interesa saber, me deja un largo rato mirando la línea sin terminar de absorber su significado. “Murió Serrano”. Pienso que siempre he detestado esos esnobismos totalitarios de no especificar nombres completos, como el de la gente de izquierda que habla de “Miguel” con el aire de que sólo ha habido, hay y habrá un único Miguel (Enríquez en su caso) que debiera importarle a todo el universo conocido y por conocer; o el de los melómanos que por decir “la Quinta” asumen que todo el mundo entiende que hablan de sinfonías y que se trata de las de Beethoven. Aún así no me detengo a preguntarme qué Serrano será éste. Mundaca no me hubiera escrito para aventarme la muerte de Marcela Serrano y menos todavía me habría preguntado, ya pinchando en el email y viendo su contenido, si pensaba escribir algo al respecto de haberse tratado de ella. El muerto sólo puede ser Miguel Serrano, el viejo loco, el nazi, el escritor, el hitlerista esotérico, el amigo del Dalai Lama, el sobrino de Vicente Huidobro, el diplomático, el correspondiente de Herman Hesse y Carl Jung, el peregrino.

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